córdoba. "Es tímido". "Es amable". "Es simpático". Derek Walcott acaparó ayer toda la atención a su llegada a Córdoba, y muchos quisieron marcarse un tanto describiendo su personalidad. Su traductor –Walcott habla en inglés– le transmitía todo lo que pasaba a su alrededor.
–Usted inaugura la tercera edición de este encuentro internacional de poesía en Córdoba. ¿Tenía alguna referencia de esta ciudad?
–Yo agradezco a la organización la invitación para participar en esta cita. Por lo que he podido ver, esta ciudad, a la que conocía por Federico García Lorca, es hermosa. Ya su nombre es poético, es como estar dentro de un poema. Deseo suerte a la organización para que salga bien un evento en el que me voy a encontrar con poetas a los que creía que no iba a conocer nunca, y con buenos amigos míos.
–¿Tan poética es Córdoba?
–Sí, su nombre y el del río forman el verso de un poema. En español, sólo tienes que escribir los nombres y poner un par de verbos y ya tienes el poema.
–¿A qué autores españoles conoce?
–Antonio Machado, Miguel Hernández y en general todos los escritores importantes, a los que he leído a través de traducciones inglesas. He escrito una obra de teatro que es una adaptación de la pieza de Tirso de Molina El burlador de Sevilla. A las últimas generaciones, sin embargo, no las conozco mucho.
–¿Qué considera que va a aportar a este encuentro?
–No sé muy bien lo que puedo dar. Imagino que los organizadores querían tenerme aquí y eso es lo que les doy. De todas formas, cada vez que viajo aumenta mi imaginación, así que creo que voy a recordar a Córdoba.
–Cosmopoética tiene como uno de sus objetivos fundamentales el de llevar la poesía a la calle. ¿Qué piensa al respecto? ¿Cree que la poesía está demasiado recluida en los círculos académicos o elitistas?
–Siempre ha habido pequeñas relaciones entre la poesía y cualquier civilización. Muchos autores se han dedicado tanto al teatro como a la poesía, porque son dos facetas que van juntas de la mano. La poesía llegó a la calle con García Lorca, con Bertolt Brecht y con los autores isabelinos. Además, hay manifestaciones públicas de poesía como en Calypso (Trinidad y Tobago). Y las propias canciones populares son una forma poética. Incluso el flamenco, que está en contacto permanente con el pueblo.
–¿Ha perdido intimidad desde que le concedieron el Nobel?
–Sí, eso es algo que viene con el premio. De hecho, ahora me invitan a muchos sitios, aunque por desgracia no puedo estar en todos. La prensa también me presta más atención y eso implica una responsabilidad. Por otra parte, pongo más atención yo mismo para no perder de vista el lugar de donde vengo.
–¿Qué diferencia al poeta del hombre corriente?
–Creo que una mayor sensibilidad y también la percepción, que está más agudizada en el poeta. Pero esto no quiere decir que el poeta sea un ser superior.
–El poeta es un observador del mundo. ¿Qué problemas le preocupan de la sociedad actual?
–El problema fundamental es el problema de la vida; saber por qué estamos aquí y por qué vivimos. Después están los problemas políticos: yo estoy muy en contra de la invasión de Iraq. No me gusta ningún tipo de sistema en el que un imperio intenta colonizar a otro.
–Usted se ha definido como un mulato del estilo. ¿Qué tipos de literaturas le han marcado?
–Muchos sistemas en el Caribe y Latinoamérica son mezclas. Eso es lo que soy yo: una mezcla. Si estás en el Caribe tienes muchas lenguas alrededor y tienes la posibilidad de investigar todas esas culturas. Por ejemplo, en Trinidad hay una influencia india muy importante.
–¿En qué proyecto trabaja actualmente?
–Parece que está surgiendo otro libro de poemas, pero lo que más he hecho últimamente es dirigir obras de teatro. Por ejemplo, el año pasado pusieron en escena La Odisea en el teatro romano de Mérida.
–A veces asociamos la figura del poeta a la de un ser en soledad...
–Solitario suena muy autocompasivo. A mí no me gusta la gente que va diciendo por ahí: "Estoy solo"; entran ganas de gritarle: "¡Pues vete a una discoteca!". Lo que sí es cierto es que la del poeta es una creación que viene de la soledad. Pero el estar solo no implica el tipo de soledad que se requiere para escribir. Hay una expresión muy buena de alguien que aludía a la multitud solitaria.